La Conservacion del Patrimonio Material

Dr. Alejamdro Hartmann- Historian

 e Inmaterial en Baracoa, Cuba, A Traves de la Comunicacion Oral.

 Alejandro Hartmann Matos- Historiador de Baracoa y- Director Museo Matachín.

 Pienso que la capacidad del hombre de comunicarse oralmente,  a través de todos los tiempos, ha sido un factor del desarrollo humano imprescindible para expresar su creatividad, su relación con la naturaleza, con las artes , con las técnicas y con sus maneras de vestir, comer, vivir. Sus vínculos con las fuerzas sobrenaturales, su mundo mágico religioso, sus relaciones  sexuales, ser participe de una comunidad y generación es ese parlamento indispensable de todos los pueblos del orbe.

Hay características comunes para todos los hombres y países, pero cada asentamiento humano tiene una personalidad propia y responde diferente en su bregar cotidiano. Esa diversidad  cultural es la gran riqueza, es lo más bello de la humanidad. Cuando se pierde la diversidad  estamos ante el riesgo  de perder el patrimonio espiritual y tangible que identifica a cada sociedad. Por eso es impostergable mantener nuestras raíces autóctonas ante

La globalización cultural  neoliberal que engulle la memoria de los pueblos y le desarticula su sentido de pertenencia.

 Legado lingüístico indígena

 Baracoa es la primera villa de Cuba, fundado por Diego Velásquez el 15 de agosto de 1511.Tuvo la primacía de ser primera capital y obispado de Cuba.

Desde entonces ha conservado su gentilicio de origen Arauco que significa “existencia de mar(1) Su vocablo ha prevalecido desde aquellos tiempos muy  arraigado en la población, aunque El Adelantado la bautizara con el nombre de Nuestra Señora de la Asunción. Las fuerzas orales desde nuestros  antecesores indios hasta hoy  lo han mantenido vivo igual que otros topónimos como Toa, Duaba, Yumurí, Barigua, Yara o fitónimos como Guanábana, mamey, guayaba, guásima, guano  o zoónimos como jutía, carey, manatí, biajaca, colibrí, cao, y otros. De la cultura material, barbacoa, canoa, guamohamaca. De la naturaleza, huracán, sabana, entre otros. Un sinnúmero de estos vocablos son de uso diario en el habla popular local.

 La cayuca

Es conocida como la reina del río Toa Su historia constructiva y su arraigada tradición nos viene desde nuestros antecesores indígenas que, de boca en boca, ha llegado hasta hoy.

Es una embarcación  que se considera la hermana mayor de los ríos de Baracoa. Ellos con sus transparentes aguas, con  la exuberancia de su vegetación endémica, la multiplicidad de su avifauna, los bohíos y los  hombres que viven en sus riveras no complementan el entorno sin la presencia  de este medio de transporte.

Estas típicas naves son diseñadas por expertos carpinteros  populares que conocen que el cedro, el najesí o la majagua son las maderas idóneas para su construcción, si se cortan cuando la luna es menguante. Actualmente todas son de fondo plano, sin quilla. Es parte de ella “ la palanca” una vara larga de ocuje o guarano. Los cayuqueros son verdaderos  maestros en las  habilidades de usarla. Con ella conducen esta peculiar nave cuando estos están crecidos o cuando tienen que utilizar su ingeniosidad para atravesar los fuertes “rápidos”.

Los campesinos baracoanos de lugares tan remotos como Mal Nombre, Jaguani, El Naranjo del Toa y otros sacan sus producciones de malanga, plátano, ñame amarillo, otras viandas y frutas en las mismas. En  puntos determinados dejan sus cargas y recogen los víveres para su alimentación y vestuario.

Pero a través de todos los tiempos, ha transportado a heridos, a embarazadas ya prestas a parir, a enfermos, a los que van de visita a la ciudad y a los fallecidos.

Uno de los cayuqueros  que más han desandado por el Toa nos contó que hay un sistema de comunicación entre ellos y los vecinos. Son los “toques” que con el puño se hace sobre la madera para  transmitir a la persona que va por tierra que lo esperara o para que la casa próxima  fuera al paso de la cayuca para recibir algún recado o noticia para la familia.(*)

El “guamo”es otro medio de información. Produce diferentes sonidos que de acuerdo a los códigos establecidos entre los hombres de ese camino fluvial sirve para avisar también que se está transportando viandas, enfermos, o  para identificarse o saludar.

 

Beba, anciana de 92 años, me dijo:

“No es posible para nosotros los toaenses la vida diaria sin la cayuca. Desde muchos años atrás, me contaron mis abuelos que siempre se había transportado todo a través de ella en nuestros alejados parajes, donde el único camino que hay es el río. Ellos me contaron también que la sabiduría para construirla, los ¨ toques¨,  el ¨fotuto¨ o “guamo”  y las habilidades para navegar con ella venían desde muy atrás, desde los indios. Antes se hacían  de  cedro. Se ahuecaban con hachuelas y se les ponían velas. Se les llamaba cayucos.  En aquellos tiempos abundaban en nuestras montañas grandes árboles. Los hombres del río la aprendieron a hacer  siguiendo las experiencias de sus antecesores que se las enseñaron oralmente.  Hoy los corazones de los hombres del río laten porque ellas existen. ”(**)

 

(*) Erasido Navarro Blet, conocido como el Rey de los cayuqeros

(**)Genoveva Rodríguez Rueda

”.(1) Valdés Bernal Sergio. Los indoamericanismos en la poesía cubana de los siglos XVIII y XIX. Editorial Ciencias sociales, La Habana, 1984, p. 53

                                                                                                                       

                                                                                                                          

El Bohío, patrimonio de las construcciones domésticas.

                                                                                                                         

 

Del Bohío   sólo existen referencias de soslayo por los más connotados especialistas  Todavía tiene fuerte trascendencia  popular y está viva en muchas de las comunidades rurales de Cuba, República Dominicana y Puerto Rico.

 

El endemismo de nuestra floresta contiene el 50 % de las maderas que posee Cuba y la mayor diversidad botánica. Estas condiciones naturales han coadyuvado a la sostenibilidad constructiva de esta vivienda . Visitando a Clemente Moreira Rodríguez, un descendiente de indio de Las Minas, Cabacú,, una zona montañosa de difícil acceso del municipio,  nos expresó;

 

 

 

“En el campo, la mayoría de las casas

son de madera y guano,

porque hay posibilidad de estos materiales,

que nos brinda la naturaleza y porque de nuestros bisabuelos hemos aprendido a construir, un bohío, una barbacoa, un vara en tierra, un caney y un bajareque.”

 

.

 

Desde ese tiempo para acá, pese al ingente esfuerzo de la Revolución, que ha construido escuelas de varios tipos, policlínicas, consultorios médicos de la familia, panaderías, comunidades en las zonas de difícil acceso, todavía permanece viva esa práctica centenaria  de ascendencia aborigen que la describe el Almirante Cristóbal Colón cuando visita a Baracoa el 27 de Noviembre de 1492

 

“Vive una casa hermosa,

no muy grande, y de dos puertas,

porque así son todos,

y entré en ella

y vive una obra maravillosa,

como cámaras hechas por una cierta manera

que no lo sabría decir

y colgado al cuello della caracoles

y otras cosas.

Yo pensé que era templo

y los llamé y dije por señas

si hacían en ella oración,

dijeron que no,

y subió uno dellos arriba

y me daba todo cuanto allí había,

y de ello tomé algo”.

 

En la construcción sus paredes se emplean las maderas de la palma real (Roystonea regia),  cedro (Cedrela Mexicana M.I Roem), majagua (Hibercus elatus), caoba (Swutenia mahagoni), entre otras

 

El techo generalmente de dos aguas se cobija con el yarey, el guano,  el yuraguano o la palma cana (Sabal paruiflora Becc) la palma justa o boba (Geonoma intermedia gris, Wendl) y la palma de manaca. Cuando se usan las pencas del cocotero (Cocos nucífera L) tienen que ser secas.

 

Si el bohío se construye en una loma el frente del mismo se sitúa al este u oeste y se hace de norte a sur; pero si la edificación es en un terreno llano, se pone mirando al camino real, carretera o terraplén.

 

En su estructura observamos dos o tres cuartos  a la izquierda, una sala y el comedor, aunque éstos adoptan otras variantes. Al fondo se construye la cocina independiente, así como el excusado, servicio o letrina, situado de acuerdo al terreno y alejado a uno diez metros del bohío.

En una de nuestras visitas a Caleta de Jauco, Alejandro Matos Samón, de 92 años y descendiente de padres indios, nos contó que su papá Dámaso Matos Rodríguez, le pedía permiso a la palma  antes de cortarla cuando iba a construir el bohío. Nos narró que fue costumbre por muchos años bendecirlo cuando se terminaba. Se buscaban un padrino y una madrina. Estos debían ser personas mayores y respetada en la comunidad. Era una condición indispensable de ellos el saber rezar. El agua que se utilizaba era de los arroyos, manantiales o ríos. Los padrinos la rozeaban por el interior y exterior, pero era obligatorio echar el agua

en cada una de las esquinas del bohío, de norte a sur y de este a oeste. Se arrojaba el agua y se decían al unísono oraciones. Generalmente se hacía la bendición los sábados y se invitaban a los familiares y amigos.

 

 

El bohío indudablemente ha sobrevivido a todos los periodos  arquitectónicos. Todavía vive en el sentir cubano y en la imaginación popular. Su legado aborigen ha venido transitando verbalmente de generación a generación y es el símbolo de la casa cubana y caribeña.

 

La leyenda de los jigues.

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Otra de las expresiones populares que han desandado en los hogares nuestros a través de los años y que todavía tienen la vigencia en la imaginación y fantasía  son los tantos comentarios y decires de la población acerca de los jigues o guijes.

Me contaba Eugenio Palmero, músico del grupo Nengon y Kiriba, que desde pequeño siempre sus abuelos y padres les comentaban que los jigues abundaban en todos los ríos de  Baracoa en los que hay infinidades de charcos.Cada charco tiene su nombre y en cada uno de ellos aparecían los jigues. “El jigue es pequeño, negrito, que sale a tomar el sol. Me decían que nos podía coger si nos veía cerca del charco solo. A mi igual que a mis primos y  amiguitos nos daba mucho miedo y no íbamos a bañarnos o a pescar si no iba una persona mayor con nosotros. Nos enseñaron que había que respetarlo porque ellos eran antiguos indios que eran los dueños de los ríos.

Una vez, un tío mío, el más pequeño, se atrevió a irse solo al charco que estaba cerca de la casa y pasó tremendo susto porque un jigue con sombrero    le cayó detrás y mientras mas corría más grande le crecía el sombrero al jigue. Esto es verdad porque siempre en la casa se hace este cuento.”

 

Han pasado casi cinco siglos desde que se instauró la primogénita ciudad de Cuba y todavía posee un sinnúmero de particularidades diversas que componen su identidad. Ellas se han transmitido verbalmente y han permanecido vivas en el sentimiento, en la memoria, en el quehacer cotidiano de las comunidades que conforman la región. Algunas de las                            mismas son irrepetibles en el país.