La arquitectura indígena en La Española

Esteban Prieto Vicioso- Architecture

Las primeras menciones o descripciones que conocemos sobre las viviendas y los poblados de los indígenas de las Antillas y más específicamente de la Isla Española, las hace el mismo Almirante Cristóbal Colón en su Diario, cuyos datos llegan a nosotros gracias a Fray Bartolomé de Las Casas y a Don Hernando Colón, hijo del Descubridor de América, creador de la biblioteca Colombina y uno de los bibliófilos más importantes del siglo XVI español.

La primera mención la hace el 14 de octubre cuando estando todavía frente a Guanahaní o San Salvador, como él la bautizó, escribió lo siguiente:

“En amaneçiendo mandé adereçar el batel de la nao y las barcas de las caravelas, y fui a lo largo de la ysla en el camino del nornordeste para ver la otra parte, que era de la parte del este, qué avía; y también para ver las poblaçiones, y vide luego dos o tres, (…)”.  Y más adelante dice: “Y vide un pedaço de tierra que se haze como ysla, aunque no lo es, en que avía seys casas”. 3

1. Conferencia pronunciada la noche del 9 de septiembre de 2007 en el salón de actos de la Academia Dominicana de la Historia.

2. Miembro Colaborador de la Academia Dominicana de la Historia.

3. Las Casas, Bartolomé de. Primer viaje de Cristóbal Colón según su Diario de a bordo. Barcelona, Editorial Ramón Sopena, S. A., 1972, p. 24.

El día 16 amanece frente a una población de la Isla Fernandina, donde mandó a llenar los barriles de agua, con la ayuda de los mismos pobladores del lugar. Luego Colón relata de la siguiente manera lo que le comunicaron unos jóvenes de los que fueron por el agua: “(…) me dixeron cómo avían estado en sus casas, y que eran de dentro muy barridas y limpias, y sus camas y paramentos de cosas que son como redes de algodón. Ellas, las casas, son todas a manera de alfaneques y muy altas y buenas chimeneas, mas no vide entre muchas poblaçiones que yo vide ninguna que passasse de doze hasta quinze casas”. 

Esta viene siendo la primera descripción somera que se hace de la arquitectura indígena, donde la primera reflexión que podemos hacer es que los españoles no se sorprenden con estas viviendas, como se sorprendieron con el tipo de gente encontrada, la fauna, la flora o algunos elementos como las canoas y sus remos. Más bien las comparan con sus alfaneques o pabellones o tiendas de campaña, pareciendo que lo que más le llamó la atención fue su planta circular, así como sus “ camas y paramentos de cosas que son como redes de algodón”, refiriéndose a las hamacas y a tabiques interiores que evidentemente eran  xtraños para ellos. Pero los materiales de construcción, tanto en paredes, techos y pisos, no los sorprenden, ya que no hacen ningún comentario sobre ellos.

Continuando su viaje, hace mención de pequeños poblados que va encontrando y ya luego, en Cuba, hace referencia a dos casas de pescadores, donde según él “ se ayuntan muchas personas”.  Allí también escribió sobre la cantidad de palmas que vio y de una en particular que tenía “ las hojas muy grandes, con las quales cobijan las casas”. Luego dice que todas las casas son de ramos de palma y muy hermosas. También señala que las casas no están alineadas en calles, sino más bien colocadas en cierto desorden. Un dato interesante que menciona es que los indios, como él los llamaba, tenían almacenada en sus casas agua dulce, lo que implica el uso de cántaros de barro y calabazas, tal como apunta posteriormente. 

Dos hombres que él había enviado a ver la tierra dentro, le contaron que habían estado en una población de 50 casas, donde vivían unas mil personas “ porque biven muchos en una casa” , lo que significaría que vivían unas veinte personas por casa, o sea que no eran casas unifamiliares. Dijeron también que en la casa principal los sentaron en dos sillas y que los indios se sentaron en el suelo alrededor de ellos. Además dijeron que en el camino encontraron otras poblaciones, pero de no más de cinco casas cada una. Colón señala en su Diario que la mayoría de las poblaciones encontradas estaban cerca de ríos y separadas de las costas y que las casas eran grandes y que acogían a mucha gente en una sola.

Otro tipo de construcción encontrada por los españoles, fueron las “ atarazanas” o enramadas construidas de madera y cubiertas de grandes hojas de palma, que protegían del sol y el agua a las almadías o canoas hechas de un sólo tronco, algunas tan grandes como una fusta o buque ligero de doce bancos, que podían tener hasta 18 metros de largo, aunque también las había pequeñas en que iba una sola persona.

El 3 de diciembre y todavía en Cuba, Colón dice que entró a una “casa hermosa no muy grande y de dos puertas, porque asi son todas” , y por lo que vio en el interior pensó que podía ser un templo, aunque le dijeron que no lo era. Muchas otras referencias dicen que las casas tenían una sola puerta, por lo que esta afirmación que hace el mismo Colón, nos intriga.

Ya en la Isla de Haití o Española, como él la bautizó, y teniendo en ella 4 días, dice que no había visto ninguna población sino una casa muy hermosa en el Puerto de San Nicolás y que estaba mejor hecha que las que había visto en otras partes.

Algo que llamó la atención de Colón fue ver las tierras a orillas del mar muy labradas, pero sin ninguna población, lo que lo hace pensar que la razón podía ser que fundaban sus poblaciones lejos de la costa para estar más seguros ante posibles invasiones desde el mar. A este respecto Marcio Veloz Maggiolo dice que las sociedades agroalfareras, que son las que habitaban la isla en el momento de la llegada de los españoles, preferían asentarse en valles fértiles, donde podían desarrollar su agricultura con facilidad, mientras que las sociedades preagroalfareras o recolectoras, buscaban la cercanía del manglar y las costas, ambientes que le ofrecían su alimentación básica. 4 

Una curiosa anotación que hace Colón en su Diario el 10 de diciembre, es cuando dice que los hombres que había mandado a tierra le informaron que no habían visto gente ni casas, sino sólo unas cabañas y caminos muy anchos y lugares donde habían hecho lumbre muchos. Habiendo visto Colón en Cuba casas de gran tamaño en las que vivían varias familias, estamos ante la duda si se refería a otro tipo de construcción o simplemente a casas más pequeñas donde vivía una sola familia, lo cual nos parece lo correcto ya que unos días después escribió que en un valle y a cuatro leguas y media, encontraron una población de mil casas y de más de tres mil hombres, lo que indica claramente que las casas eran pequeñas y por  otanto unifamiliares. Otro dato curioso es cuando dice que vio junto al mar una población que parecía ser de nuevo hecha porque todas las casas eran nuevas. A través de todo el Diario de Colón, se puede observar la gran cantidad de pequeños poblados que había en toda la parte norte de la isla, así como lo muy labrada que se encontraba la tierra.

 4. Veloz Maggiolo, Marcio. Medioambiente y adaptación humana en la prehistoria de Santo Domingo . Santo Domingo, Editora de la UASD, 1976, pp. 250-251. (Universidad Autónoma de Santo Domingo, Colección Historia y Sociedad No. 24).

  Queriendo Colón tener información más precisa de la proveniencia del oro y conocer más sobre los indios, envía al Cacicazgo de Marién, donde se encontraba la villa del cacique Guacanagarí, a Rodrigo de Escobedo, Escribano Real de la Armada, y a Pedro de Salcedo, paje de Colón y diestro dibujante con la pluma, quienes luego de tres días regresan y presentan a Colón una Relación, la cual conocemos gracias a Luís Joseph Peguero, quien se refiere a ella en su libro Historia de la Conquista de la Isla Española de Santo Domingo . 6

 Esta poco conocida Relación de Escobedo, escrita en diciembre de 1492 durante el primer viaje de Colón, es sumamente importante para el conocimiento de la arquitectura indígena, ya que se trata de la más antigua descripción detallada de las construcciones encontradas por los conquistadores en la Española, por lo que estamos en la seguridad de que no tiene ninguna influencia hispánica, como pudiera haber en las descripciones de Gonzalo Fernández de Oviedo, al decir de algunos arqueólogos e historiadores, como veremos más adelante.

5. Luis Joseph Peguero menciona al paje de Colón con el nombre de Juan Salsedo, pero este nombre no aparece en la lista de pasajeros que vinieron en el Primer viaje. De acuerdo a Alice Bache Gould, en su Nueva lista documentada de los tripulantes de Colón en 1492 , el paje de Colón se llamaba Pero de Salcedo, siendo el único Salcedo que se encuentra en dicha lista. En otro documento figura también como Diego de Salcedo. Pedro de Salcedo regresó con Colón en los otros viajes,  otorgándosele permiso para comercializar jabón en la Española y luego  se convierte en Agente de Colón en dicha isla.  

6. Peguero, Luis Joseph.  Historia de la conquista de la isla Española de Santo Domingo, Trasumptada el año de 1762, Traducida de la Historia General de las Indias escrita por Antonio de Herrera. Santo Domingo, Museo de las Casas Reales, 1975, pp. 37-43.  

 

En cuanto al tema que nos ocupa, lo primero que dice Escobedo en su Relación es que luego de caminar una legua, estuvieron por un par de horas en un bello pueblo como de trescientas casas, llamado Cacuma, donde los indios les ofrecieron un esplendido hospedaje. Continuando su camino hacia la villa de Guacanagarí, vieron muchos pueblos grandes y pequeños, pasando la noche en uno de tan sólo ocho “ casas de madera, grandes en el buque” , o sea de gran capacidad. Allí les brindaron cena sobre unas curiosas y aseadas esteras, tejidas con “ cogollos de palma y platos que podían competir con el más bruñido azabache”. Para dormir dice que le pusieron un cuarto con dos hamacas de algodón amarradas a sendos postes con sogas hechas de henequén, lo que evidencia el uso de divisiones interiores, al menos en las casas de gran tamaño. Al otro día continuaron su camino y llegaron a una numerosa población, la cual vista desde lo alto, según Escobedo, no se veían sus límites. Dice que el poblado tendría unas “(…) ocho mil casas de maderas y pajas; a la que servían de muralla muchas labranzas a manera de granjas que forman todas un laberinto para dificultar la entrada a la población.”

Continúa diciendo que:

Está la ciudad partida con quatro calles que la dividen en quatro barrios, de desconcertada muchedumbre, porque en ellos no se encuentran calles algunas, en cuyo centro esta una plaza en cuadro mui grande, en la mitad de ella el palacio del Rey que es esta que se muestra = le llaman Bugío en su lengua”

Aquí entonces aparece en el libro de Luís Joseph Peguero el dibujo del bohío que debió haber hecho Pedro de Salcedo en el mismo 1492 como parte de la Relación de Escobedo y que debió haber sido copiado o reinterpretado por Oviedo en 1535 en su Historia General de Indias, dicho esto por la gran similitud que hay entre ellos. Siendo así, los dibujos atribuidos a Oviedo son originalmente de Pedro de Salcedo, lo cual desmiente la teoría de algunos arqueólogos de que el bohío de planta rectangular que aparece en el libro de  viedo es producto ya de la transculturación, luego de la llegada de los españoles a las Indias Occidentales. Más adelante Peguero también muestra el dibujo de “ las casas de los particulares, o jente comun que llaman los indios Caneyes”. En cuanto al Palacio del Rey Guacanagarí, Escobedo nos dice en su Relación de 1492 que: “(…) era de treinta y dos baras castellanas de largo y diez de ancho dividido en quatro tramos de a ocho varas; Maquina que siendo basta, paresia bien por su aseo, y donde no se conose el hierro, es presiso que travaje mas la especulación por la falta de barrena, clavo y martillo, y sin estos hasian sus fabricas. En el primero que sirve de Portico, residen las guardias de los veinte y cinco nobles, hijos  de caciques, el segundo es la sala en que reside la persona del Rey; solada de curiosos ladrillos blancos, y tapisada con esteras y liensos de Algodón, sercado su ambito de silletas baxas labradas de una piesa mui curiosas con esquisitos lustres; el tercero ambito de la Casa es la Camara Real de igual adorno, colgada de hamacas grandes y buenas camas en que dormian los Reyes; el cuarto tramo es dividido en despensa, y dormitorio de la familia quedando la cosina en un lienzo de la plaza que cuasi se ocupaba toda la Cuadra con ella como se bera es la Cosina Real (si ay Real Cosina) en la que estan continuamente en trafago Quarenta, o mas indias labrando panes, y hasiendo varios manjares”.

También dice que del lado sur de la plaza, o sea de frente a la parte porticada de la casa del cacique, se encontraba una gran construcción, de unos 33 metros, que servía de casa de guardia y de cárcel; y hacia el oriente, a unos cincuenta pasos, se encontraba el templo o adoratorio el cual era de madera, de planta cuadrada, con 16.80 metros por cada lado y 4.20 metros de altura, con un techo piramidal rematado por un ídolo que los indios llamaban Dios de los truenos. Dice que tenia cuatro puertas grandes a los cuatro vientos principales y que su interior estaba solado con ladrillo chico negro, y con algun dibujo”, y en las paredes tapices de “ finos lienzos de algodón, coloridos de varios colores, que dan con maderas, y yervas que les franquea el pais, y en ellos colgados muchos idolos de oro, y madera”.

En el centro del templo se encontraba un altar cuadrado de 1.68 metros de altura, cubierto con lienzos similares a los dichos tapices.

Estos datos contenidos en la Relación de Rodrigo de Escobedo, entregada a Cristóbal Colón a finales de diciembre de 1492, es como ya dijimos, la primera descripción detallada que se hace de la arquitectura indígena en la Española y donde se puede ver, como ya anotamos, que al menos las principales construcciones de la villa de Guacanagarí tenían plantas cuadradas o rectangulares. Nos da la impresión que en el libro de Luís Joseph Peguero no está toda la relación, por lo que las descripciones pudieran ser más completas. Como dato histórico curioso podemos señalar que Rodrigo de Escobedo fue uno de 

los 39 españoles que Colón dejó en el Fuerte de la Navidad, y quien supuestamente abandonó el mismo luego de matar, junto a Pero Gutierrez, al carpintero Jacomel Rico, yéndose entonces junto a otros 9 hombres a las tierras del cacique Caonabo, donde luego todos perdieron la vida. 7

Otra de las más completas descripciones de los bohíos indígenas y que complementa lo que conocemos de la Relación de Escobedo, la da Gonzalo Fernández de Oviedo en su libro Historia General y Natural de las Indias , cuya primera edición es del 1535. Transcribiendo con cierta libertad gramatical lo  que dice Oviedo tenemos que los indios de las islas llaman a sus casas bohíos, pero propiamente en el idioma de Haití le llaman eracras. Estas eracras o buhíos son en una de dos maneras; y ambas se hacían según la voluntad del edificador. En una se hincaban muchos postes a la redonda, de buena madera y del grosor conveniente, a cuatro o cinco pasos un poste del otro, o en el espacio que querían que hubiese de poste a poste.

7. Las Casas, Bartolomé de. Historia de las Indias , Tomo I. Santo Domingo, Editora Corripio, 1987 p. 357 (Sociedad Dominicana de  Bibliófilos).

8. Fernández de Oviedo, Gonzalo. Historia General y Natural de Indias, Tomo I. Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1959, pp. 143- 144.

Sobre ellos, después de hincados en tierra, por encima de las cabezas, en lo alto, le ponen sus soleras; y sobre aquéllas ponen en torno la varazón (que es la templadura para la cubierta); las cabezas o grueso de las varas, sobre las soleras que es dicho, con la parte delgada para arriba, donde todas las puntas de las varas se juntan, terminando en punta, a manera de pabellón. Y sobre las varas ponen, de través, cañas o latas de palmo a palmo (o menos), de dos en dos, o sencillas; y sobre esta estructura colocan paja delgada y larga; otros cubren con hojas de bihaos; otros con cogollos de cañas; otros con hojas de palmas, y también con otras cosas.

En lugar de paredes desde la solera a tierra, ponen de poste a poste cañas hincadas en tierra, someras, e tan juntas como los dedos de la mano juntos; y una a par de otra, hacen pared, y las atan muy bien con bejucos (que son unas venas o correas redondas que se crían revueltas a los árboles, y también colgando de ellos, como la correhuela); los cuales son muy buena atadura, porque son flexibles y tajables, y no se pudren, y sirven de clavazón y ligazón, en lugar de cuerdas y de clavos, para atar un madero con otro, y para atar las cañas asimismo. El bohío o casa de tal manera hecha se llama caney. Son mejores y más seguras moradas que otras, para defensa del aire, porque no las coge tan de lleno.

Esta forma de casa o caney, para que sea fuerte y bien trabada la obra e armazón toda, ha de tener en medio un poste del grosor que convenga, y que se fije en tierra cuatro o cinco

palmos de profundidad, y que alcance hasta la punta o capitel más alto del bohío; al cual se han de atar todas las puntas de las varas. Dicho poste ha de estar como aquel que suele haber en un pabellón o tienda de campo, como se traen en los ejércitos y reales en España e Italia, porque de dicho poste se fija toda la casa o caney. 

Otras casas o buhíos hacen asimismo los indios, y con los mismos materiales; pero son de otra facción y mejores en la vista, y de más aposento, e para hombres más principales y caciques, hechas a dos aguas, y largas, como las de los cristianos, y así, de postes e paredes de cañas y maderas, como está dicho. Estas cañas son macizas y más gruesas que las de Castilla, y más altas, pero las cortan a la medida de la altura de las paredes que quieren hacer, y a trechos, en la mitad, van sus horcones o haitinales, que llegan a la cumbrera y caballete alto. Y en las principales hacen unos portales que sirven de zaguán o recibimiento; y cubiertas de paja, de la manera que yo he visto en Flandes cubiertas las  asas de los villajes o aldeas. Y si lo uno es mejor que lo otro y mejor puesto, creo que la  entaja tiene el cubrir de las Indias, a mi ver, porque la paja o hierba de acá, para esto es mucho mejor que la paja de Flandes.

Fernández de Oviedo también dice que los indios de esta Isla de Haití o Española vivían en las costas o riberas de los ríos, o cerca del mar, o en los asientos que más les agradaban o eran en su propósito, así en lugares altos como en los llanos, o en valles y florestas; porque de la manera que querían, así hacían sus poblaciones y hallaban disposición para ello. Y  unto a sus lugares tenían sus labranzas y conucos (que así llaman sus heredamientos), de maizales y yuca, y arboledas de frutales. Y en cada plaza que había en el pueblo o villa,  abía un lugar diputado para el juego de la pelota (que ellos llaman batey); y también a las salidas de los pueblos había asimismo sitio puesto con asientos para los que mirasen el juego, y  ayores que los de las plazas.

Regresando al libro de Luís Joseph Peguero nos encontramos con la relación que hace Alonzo de Ojeda en diciembre de 1493, sobre la villa del cacique Guarionex, en la gran vega, donde se evidencia el uso del barro en las paredes de algunos bohíos. Ojeda nos dice:

“Y su población, de numerosa Maquina, de casas de madera, hechas a similitud de nuestros faroles, redondas, que rematava su cumbre en un punto, sin disposición de Calles; tiene una espaciosa singular plasa, (no cuadrada como las de nuestras Ciudades) sercada toda ella del Palacio del Rey que se dize Guarinoex, y de los Caciques, y señores de su Reyno; las casas de los inmundos sacerdotes: el palacio y casas de los nobles, se diferencian de las Casas de los plebeyos con algunos tabiques de barros que ponen en las junturas de los maderos, con que estan sercadas, supliendo las texas con yaguas, o lo que ofrese la comodidad; por que vimos varias materias de techos supliendo el tapis lienzos de algodón fino, muy coloridos: que no se desdeño naturaleza en franquearles abilidades, en medio de sus rustiqueses. Los asientos son bajos escabeles de una pieza, las camas entoldadas con sus pabellones para la defensa de los mosquitos. Tienen poco adorno, pues se conponen de aqueyas sus esteras de juncos, o palmas texidas donde sirve de cabecera una enrollada, y una

manta de Algodón para cubrirse; y no tienen mejor comodidad los principes mas regados de esta nacion, ni cuidan mucho los indios de su comodidad, por que vivian a la naturaleza, contentandose con los remedios de la necesidad. Tendra esta población diez mil casas, que si estuvieran ordenadas fuera tan grande como Valladolid en Castilla”. 9

Un dato interesante lo recoge Fray Bartolomé de Las Casas cuando dice que el Almirante vio en la Vega Real:

“Una gran población, de la cual gran parte de la gente dio a huir, metiéndose en los mas cercanos montes, como sintió los cristianos; otra parte de la gente quedó en el pueblo y se metían en sus casas de paja y atravesaban con toda simplicidad unas cañuelas a las puertas, como si pusieran algunos carretones con culebrinas por las troneras de las murallas, haciendo cuenta, que visto aquel impedimento de las cañuelas atravesadas, habían de cognocer los cristianos que no era voluntad de los dueños que en sus casas entrasen y que luego se habían de comedir a no querer entrar”. 10

 En relación a las puertas, Hernando Colón nos aporta el siguiente dato:En aquel viaje cruzó por muchos pueblos de indios, cuyas casas eran redondas y cubiertas de paja, con una puerta pequeña, tanto que para entrar es preciso encorvarse mucho”. 11

Sobre el mismo tema Pedro Mártir de Anglería, refiriéndose a las molestias que producen los mosquitos dice que:

Los indígenas, por tal razón, fabrican las casas bajas, con puertas pequeñas, apenas capaces para que entre su dueño, y sin agujeros, a fin de impedir el acceso de dichos insectos”. 12

 

En un documento anónimo publicado en el libro crónicas  Francesas de los Indios Caribes se describe la vivienda indígena en la isla de Guadalupe, en las Antillas Menores de la siguiente manera:

“Estos bohíos están hechos de horcas de árboles hincadas en tierra, unidas las unas con las otras por medio de palos que ponen entre aquellas. En la parte de arriba ponen unos caballetes que bajan hasta tierra y cubren todo con hojas de bambú o juncos. No se ve allí dentro ni gota más que por la luz del fuego que ellos hacen, o la del agujero por el cual entran, que tiene tres codos de alto”. 13

 

10. Las Casas, Bartolomé de. Historia de las Indias , Tomo I, pp. 369- 370.  

11. Colón, Hernando.Historia del Almirante . Madrid, Dastin, S.L., 2003, p. 172 (Crónicas de América). 

12. Mártir de Anglería, Pedro. Décadas del Nuevo Mundo.  Tomo I. Santo Domingo, Editora Corripio, 1989, p. 639. (Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Colección Cultura Dominicana).

 

Lo interesante de esta descripción es que deja ver claramente que esos bohíos no tenían ventanas, además de darnos la altura de las puertas, la cual corresponde a 1.26 metros. Por el Adelantado Bartolomé Colón 14 sabemos que la Villa de Jaragua, del cacique Bohechio y su esposa Anacaona: 

“(…) era una bella población, que no le llevava bentajas la Corte que se dixo del Marien;…toda la caseria de Maderas, y de poco orden en las calles, pero buenas y espaciosas plasas, sercadas de Arboledas sombrias para divertir el calor que en esta Provincia causan los Minerales de Azufre, sobre que esta situada: y después se dixo aquí Santa Maria del puerto y la Yaguana”.

También hace referencia al gran tamaño del palacio del cacique, donde ellos durmieron en hamacas y aun había capacidad para otros tantos más que fueran. Pedro Mártir de Anglería, quien fue el primer Cronista de Indias aunque no visitó nunca estas tierras, también nos aporta interesantes datos sobre las construcciones de los indígenas cuando dice que:

El bejuco sirve para atar costales por grandes que sean, y sostener pesos, así como para juntar las vigas y cuartones de los edificios, asegurándose que las uniones así logradas quedan más seguramente apretadas que por medio de clavos de hierro, ya que el bejuco ni se pudre con las lluvias, ni se reseca con el Sol, y cuando el furor de los tifones sacude las casas que son todas de madera, cede, distendiéndose un poco. Los indígenas llaman <huracanes> a los rabiosos torbellinos de viento que solían arrancar de cuajo grandes  arboles y derribar con frecuencia sus moradas. Las que estaban unidas con clavos, se derruían al saltar éstos; las sujetas, en cambio, con nudosas ataduras de bejuco, sólo se  nclinaban a impulsos del huracán, volviendo luego a su posición normal”. 15

13. Cárdenas Ruiz, Manuel (Editor). Crónicas Francesas de los Indios Caribes . Madrid,  ditorial Universidad de Puerto Rico, 1981.
14. Peguero, Luis Joseph. Ob. cit
., p. 91.

 

Sobre los instrumentos que utilizaban, Mártir de Anglería nos dice que: “Como no existe entre ellos el uso del hierro, fue motivo de gran admiración para los españoles el modo que tienen de edificar sus casas, con notable arte, o de fabricar las demás cosas que necesitan para su vida; pero lo cierto es que ellos todo lo cortan con ciertas piedras de río durísimas y muy agudas”. 16

 

15. Mártir de Anglería, Pedro. Ob. cit., p. 638.

16. Ibídem . p. 106.

Otro historiador que describe la forma de las habitaciones  de los indígenas y su forma de construcción fue Pedro de Charlevoix, quien dice que:

“El modo de alojarse los habitantes de Haití, correspondía perfectamente a la simplicidad de una vida tan frugal. Todas las casas eran construidas con arreglo a dos formas únicas, entre las cuales se podía escoger, pues no existía regla sobre eso; pero los más pobres escogían  iempre la siguiente: principiaban por plantar profundamente en tierra maderos casi del grueso de nuestras viguetas; los colocaban en redondo, a cuatro o cinco pasos de distancia los unos de los otros, ponían sobre ellos soleras planas, pero muy gruesas: y en éstas apoyaban largas varas, que se unían todas por la parte más delgada, y formaban un techo de figura cónica; atravesaban cañas a manera de latas sobre esas varas, y para hacerlas más sólidas, las ponían de dos en dos, y a un palmo de distancia, a lo más; lo cubrían todo con una paja muy fina, con hojas de palmera, o con el cogollo de las cañas. En cuanto a la parte baja, los espacios entre uno y otro madero, se cubrían con cañas fijas en tierra, muy bien unidas entre sí, con una especia de cuerda incorruptible muy fuerte, que Oviedo llama beschiuchi (bejuco); que crece sobre los árboles, y se ve pendiente de las ramas. Estas  aredes tenían mucha solidez, y estaban tan bien cerradas que no pasaba por ellas un soplo de viento. Las cañas de que se componían, crecen allí mucho más gruesas que las de España   Italia. Las cuerdas a que me he referido, son de diferente espesor, y todas hasta las más delgadas se pueden abrir en dos, de modo que sirven para atar aun las cosas más finas. Además de este uso, tienen también varias virtudes medicinales, según el citado autor, el cual no las determina. Esta especie de casas, o por mejor decir, de cabañas, es la más capaz de resistir a los vientos que a veces soplan impetuosamente en aquella isla. Para darles todavía mayor solidez, al menos en los lugares más expuestos, se plantaba en medio un gran poste, al cual eran atadas, por lo más alto, las extremidades de las varas. Las otras asas tenían igual construcción e idénticos materiales, pero la forma era diferente y se acercaban más a las de nuestras granjas. Su techo era sostenido por un largo travesaño, que descansaba sobre horquillas plantadas en medio de la casa, la cual dividían así en dos partes. Estas casas eran más grandes que las otras, mejor ordenadas, y varias tenían  estíbulos, a manera de pórticos, cubiertos de paja, que estaban destinados a recibir las visitas. Oviedo asegura que las cobijas eran mejor trabajadas que las de las casas de Flandes, n su tiempo”. 17

 Carl Sauer describe de una forma muy completa las viviendas de los indígenas, tomando datos de Cristóbal Colón, Oviedo, Las Casas y Pedro Mártir de Anglería. Citando a Fray Bartolomé de Las Casas dice que:

“Los vecinos de esta isla Española y de estas islas concercanas y parte de tierra firme hacia la costa de Paria, y en otras muchas partes, hacían sus casas de madera y de paja, de la forma de una campana. Éstas eran altas y muy capaces, que moraban en cada una de ellas diez y más vecinos. Hincaban los palos gruesos como la pierna y aun el muslo en rededor, medio estado en el suelo y espeso, y todos ellos veníanse a juntar en lo alto, donde los ataban con ciertas correas como raíces, que arriba dijimos llamarse bejucos. Sobre aquellos primeros palos ponían al través y cruzados otros muchos delgados y  muy atados con aquellas raíces, y de estas raíces y cortezas de árboles teñidas con tinta negra, y otras desolladas que quedaban blancas, hacían lazos y señales o follajes como pinturas por la parte de dentro, que no parecía sino que eran de otra hermosa y pintada materia. Otras adornaban con carrizos mondados y muy blancos, que son unas cañas muy delgadas y delicadas, y de ellos hacían sus labores y lazos muy graciosos, que pintaban o parecían pintadas las casas; por de fuera cubríanlas de paja muy delgada y muy hermosa y odorífera, que según arriba ya dijimos la había, que esto que ya los ganados la han destruido en esta isla. Yo vide casa de éstas, hecha de indios, que vendió un español a otro por seiscientos castellanos o pesos de oro (Apologética, Capítulo. 43)”.18 

17. Charlevoix, Pedro Francisco Javier de. Historia de la Isla Española o de Santo Domingo

 

18. Sauer, Carl Ortwin. Descubrimiento y dominación española del Caribe , 2da. ed. Santo Domingo, Editora Corripio, 1993, p.103. (Sociedad Dominicana de Bibliófilos).

 

  En relación a la adaptación de los españoles a los materiales y métodos constructivos indígenas Oviedo nos dice que:

“Los cristianos hacen ya estas casas en la Tierra Firme con sobrados, e cuartos altos e ventanas; porque, como tienen clavazón, e hacen muy buenas tablas, y lo saben mejor edificar que los indios, hacen algunas casas de aquestas tan buenas, que cualquier señor se podría aposentar en algunas dellas. Yo hice una casa en la ciudad de Sancta María del Antigua del Darién, que no tenía sino madera e cañas, e paja e alguna clavazón, y me costó más de mill e quinientos pesos de buen oro; en la cual se pudiera aposentar un príncipe, con buenos aposentos altos e bajos, e con un hermoso huerto de muchos  naranjos e otros árboles, sobre la ribera de un gentil río que pasa por aquella ciudad”. 19 

A tal respecto Marcio Veloz Maggiolo nos dice que: “ La arquitectura taína, por su  simplicidad, fue factor importante en los primeros establecimientos españoles en la isla. De modo tal que el conquistador, al fundar La Isabela, en las costas de Puerto Plata, utilizó, con excepción de la iglesia, el depósito y la casa del Almirante, los materiales locales con los que el indio construía sus viviendas, es decir, maderas diversas y techos de las palmáceas locales, como la cana, la palma real y otras”. 20

 

Esteban Mira Caballos también sostiene que en los primeros momentos de la conquista y colonización, las casas, los hospitales y las iglesias se edificaron con materiales efímeros, formados por una simple estructura de madera rellena con otros materiales vernáculos. Considera que en las islas no existían oficiales ni maestros que supieran hacer ni tan siquiera cal y ladrillo. Además respalda la hipótesis de que la mayoría de los españoles venían con la idea de hacer fortuna y regresar a España, por lo que optaban por hacer sus viviendas con elementos vernáculos, es decir, con madera y paja, inspirados claramente en los bohíos o casas indígenas. 21

 19. Fernández de Oviedo, Gonzalo. Ob. cit., p. 144.

20. Veloz Maggiolo, Marcio. “El modelo pre-urbano aborigen”. Santo Domingo, Listín Diario , p. 19. Santo Domingo, 25 de julio 2007. 

21. Mira Caballos, Esteban.

 El Arqueólogo cubano Felipe Pichardo Moya en su bien documentado libro Los Aborígenes de Las Antillas hace una de las más completas descripciones de las viviendas indoantillanas, Las Antillas Mayores. 1492-1550  (Madrid, Gráficas Almeida S.L., 2000), pp. 301-303. y a que reúne y analiza informaciones provenientes de los cronistas de Indias y de investigadores y arqueólogos de diferentes épocas, llegando hasta los años 50 del pasado siglo XX, época en que escribe su libro. Un dato interesante que aporta Pichardo Moya es que:  

 Algunas viviendas constaban de varias habitaciones, y aun era común en los caribes formarlas con pequeñas cabañas agrupadas, cada una con su específica destinación”. 22

 Coincidimos con su parecer de que todavía están pendientes por hacer más investigaciones arqueológicas en que se analicen las huellas de los horcones, para intentar definir el tamaño de estas viviendas indígenas. También estamos de acuerdo con el citado autor en que se debe seguir investigando sobre la posible relación de los mayas de Yucatán con nuestros aborígenes, ya que se encuentran algunas similitudes con algunas costumbres taínas, incluyendo los materiales y la forma de construir sus viviendas. 

El investigador finlandés Björn Landström, en su libro Colón , presenta una interpretación gráfica de un bohío indígena, tanto en planta, alzado y corte, basada en el grabado en madera que aparece en la edición de 1547 de la Historia General de Oviedo, y en descripciones de la época, básicamente del mismo Oviedo y Las Casas, quienes no describen de una manera precisa estas viviendas. De todas formas, esta interpretación nos parece muy lógica y podría acercarse bastante a la realidad, pero habría que confirmar esta hipótesis ediante más  investigaciones arqueológicas y analizando detenidamente los informes de las excavaciones ya realizadas. 23

 El tema de las aldeas y viviendas indígenas fue abordado por Eugenio Pérez Montás en una de sus publicaciones, donde introduce una cita de Manuel García Arévalo que describe los tipos de viviendas, pero mantiene el error de éste al invertir los términos de bohío y caney, ya que llama erróneamente bohío a la casa de planta circular y caney a la de planta rectangular. Esta equivocación también la vemos en el Diccionario Moderno Taíno e inclusive en el Museo Arqueológico de Altos de Chavón, en La Romana. 24

Esos dos modelos de casas que, según Oviedo, eran usados por los taínos de La Española,  ceptados y repetidos por más de 400 años por un sinnúmero de historiadores, han venido siendo cuestionados por algunos arqueólogos e investigadores. Ya Sven Lovén en 1935, en su libro Origins of the Tainan Culture, West Indies , argumentó que el modelo de casa de planta  rectangular y supuestamente usado por los caciques, era de influencia europea y no existía en la época del precontacto. Luís Antonio Curet se une a esta teoría y aporta  videncias de tres casos de estudio en Puerto Rico, publicados en la revista Latin American  antiquity en 1992.25 Posteriormente, los arqueólogos cubanos Jorge Calvera y Juan Jardines, ego del descubrimiento del sitio arqueológico de Los Buchillones, plantean cierta duda del uso de la planta rectangular en las viviendas indígenas en el momento de contacto, cuando  dicen que: 

“(…) l as más comunes fueron las viviendas de planta circulares, de las que existen descripciones en las obras de fray Bartolomé de las Casas y Fernández de Oviedo, que es el único cronista que refiere la existencia de viviendas de plantas rectangulares, que eran habitadas por caciques y otros miembros principales de estas comunidades”. 26

22. Pichardo Moya, Felipe. Los aborígenes de las Antillas. ( México, Fondo de C ultura Económica, 1956), p.104. 23. Landström, Björn. Colón.  Barcelona, Editorial Juventud, 1971.

 24. Estos errores aparecen en los siguientes textos: Pérez Montas, Eugenio. República Dominicana. Monumentos Históricos y Arqueológicos. México, D.F., Talleres Loera Chávez Hnos. & Cía. Editorial, 1984, p.18 (Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Comisión de Historia);García Arevalo, Manuel A.  El Arte Taíno de la República Dominicana  Barcelona, Artes Gráficas Manuel Pareja, 1977. (Museo del Hombre Dominicano); y Consejo Inter-Tribal Taíno, Inc.  Diccionario Moderno Taíno.   1996. (Accessed 8 de septiembre de 2007. Available from http://members.dandy. net/~orocobix/tsdict.html.  

 25. Curet, Luis Antonio. “House structure and cultural change in the Caribbean: Three case studies from Puerto Rico”. Latin American Antiquity  1992.  

 Pero al leer la ya mencionada Relación de Escobedo, vemos que la planta rectangular no era desconocida por los indígenas, ya que la casa del mismo cacique Guacanagarí era de esa forma, siendo mucho más grande que las demás casas del poblado, que debieron haber sido todas o la mayoría, de planta circular. Veloz Maggiolo acepta la existencia de la vivienda de planta cuadrada y además plantea la existencia de un tercer modelo, también rectangular, pero sin paredes, cuando dice que:

“Las tres formas arquitectónicas básicas fueron el bohío circular, hecho de varas verticales, con techo cónico, trenzado con topes de madera enrejada, donde se acomodaba lo que los antropólogos llaman “familia nuclear”, en la que vivían el padre, la madre, los hijos y quizás otro familiar. Esta modalidad de vivienda, era diferente de una segunda, constituida por la construcción de grandes habitaciones alargadas, de las cuales los arqueólogos han  ncontrado muestras en el este del país, hechas para albergar lo que los antropólogos llaman “familias extensas o extendidas”, sitios en los cuales vivían los ascendientes y descendientes en grupos muy numerosos. Estas viviendas eran hechas de parales o varas altas, con techo cuadrado y largo, y según los arqueólogos, abiertas, o sea, sin las puertas que caracterizaban al bohío. El sitio de Juan Pedro, en las cercanías de San Pedro de Macorís, parece haberse originado hacia el siglo IX, y responde a modelos amazónicos todavía vigentes. Otra vivienda, más estricta, es la de los caciques. De planta cuadrada, con techo a dos aguas, galería pequeña y espacio para objetos rituales o de mando. Una última construcción es la que se llama actualmente maloca, en la Amazonia, lugar religioso en donde se hacían las reverencias a los ídolos, el ritual de la cohoba, que se basaba en la inhalación de polvos alucinógenos y el llamado a los dioses”. 27 

 26. Jardines Macias, Juan y Calvera Roses, Jorge. “Estructuras de viviendas aborígenes en Los Buchillones”. Anuario Revista del Caribe,  1999. 

 

 

27. Veloz Maggiolo, Marcio. “El modelo pre-urbano aborigen”. p. 19.

 

28. Denis, Pierre.Informe de las investigaciones y rescates arqueológicos efectuados en el solar de la futura residencia del Arzobispado Metropolitano de Santo Domingo.

 

 9.Pierre Denis, en base a supuestas huellas de horcones encontradas en las investigaciones arqueológicas realizadas en el solar ubicado en la esquina noreste de las calles Isabel La Católica y Pellerano Alfau, en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, hace una interpretación gráfica donde aparecen nueve bohíos de los cuales cinco son de planta circular de unos 4.5m de diámetro; tres son con los extremos semicirculares (similares a las casas mayas) de 3 por 8m aproximadamente; y uno es rectangular de 7.5 por 6m, aproximadamente. Las casas circulares y la rectangular las coloca en el período chicoide –taíno (1100-1500 d.n.e.) y las de los extremos semicirculares, en el ostionoide (700-1000 d.n.e.). En los levantamientos que acompañan su informe, 28 no se observan todas las marcas de horcones, por lo que no se puede analizar la interpretación realizada por el arqueólogo. Denis repite el error de llamar caney a la casa de planta rectangular y bohío a la de planta circular.  26. Jardines Macias, Juan y Calvera  Roses, Jorge. “Estructuras de viviendas aborígenes en Los Buchillones”. Anuario Revista del Caribe,  1999 El relativamente reciente hallazgo del sitio arqueológico deLos Buchillones, en Ciego de Ávila, Cuba, aporta valiosísima información de primera mano sobre la vivienda indígena en dicho país, ya que sumergidas en el agua de una laguna costera y en el sedimento del fondo, se han encontrado, desplomadas, viviendas taínas completas que reflejan la forma y tamaño de las mismas y los materiales constructivos, ya que se encontraron inclusive restos de la paja que cubrían los techos.  

En cuanto al mobiliario de los bohíos, Esteban Mira Caballos respalda la posición de Roberto Cassá de que: “(…) una gran parte de los indios no dormía en hamacas (...)”. 29

Considera que el padre Las Casas matizó la versión, al afirmar que: “ Sus camas son encima de una estera y, cuando mucho, duermen en unas como redes colgadas, que en lengua de la isla Española llamaban hamacas”. 30 

Afirma que esta cita: “(…) pone de manifiesto que no todos los indios podían alcanzar la posibilidad de dormir en hamacas...y que tan sólo un grupo de privilegiados tuvo acceso a este tipo de cama colgante, mientras que el resto de la población debió dormir en esteras o en camalechos de paja”. 31

 

Basándonos en toda esta información proporcionada por colonizadores, cronistas, historiadores y arqueólogos, podemos concluir diciendo que la Isla Española a la llegada de los colonizadores estaba poblada principalmente por los taínos, quienes vivían en un régimen cacical, asentados en muchos pequeños poblados y en grandes villas donde estaban las casas de los caciques principales. Las viviendas en estos poblados no tenían un orden aparente, salvo en las grandes villas, donde se menciona el trazado de dos calles cruzadas,  que daban cierto ordenamiento a la villa y donde las dependencias del cacique tenían cierta disposición en relación a la plaza central, donde convergía el poder político y  eligioso, como expresión de la actividad colectiva, lo que la convertía en el centro básico de la acción de la comunidad. Las villas grandes contaban con varias plazas o bateyes, donde se desarrollaban los juegos de pelota, teniendo algunas de ellas, asientos para ver el juego, los cuales en muchas ocasiones estaban bajo la sombra de árboles.

Según Veloz Maggiolo: “Es evidente que las plazas fueron el núcleo ritual, una zona espacial seleccionada porque representaba el área básica para un desarrollo de espacios a partir de las mismas. Estos espacios permitían puntos de encuentro o de reunión en los cuales se tomaban decisiones, se usaban los recursos de la memoria para perpetuar historias y  onocimientos tribales… Los areítos o cantos de tipo nemotécnicos que acompañaban a juegos gladiatorios, eran en realidad un complemento de esas formas espaciales que hoy llamamos plazas, y que tenían sentido ritual, por ser punto primordial de reunión y decisión de la sociedad pre-colombina”. 32

 

En el período agroalfarero, que corresponde al momento de la llegada de los españoles, las poblaciones indígenas estaban más ligadas a fértiles valles que a zonas costeras de manglares y siempre cercanas a fuentes de agua dulce, para resolver sus necesidades diarias,  levándola a sus casas en calabazas o higüeros. Los poblados estaban rodeados de conucos, os cuales en ocasiones hacían las veces de murallas de protección, ante todo cuando  staban sobre montículos. En cuanto a la arquitectura se refiere, hemos encontrado cuatro tipos de edificaciones diferentes: viviendas, cocinas, templos y atarazanas o cobertizos para  proteger las grandes canoas. A éstas podríamos agregar las barbacoas o depósitos elevados para guardar maíz u otros comestibles, las cuales también podían ser utilizadas para espantar desde ellas a los pájaros que venían a alimentarse del maíz. De las atarazanas y barbacoas no hay mucha información, por lo que se hace difícil describir su forma y método constructivo.

30. Las Casas, Bartolomé de.Brevísima  elación de la destrucción de Las Indias , 10ª. ed. México: Fontamara, 2001, p. 32.

31. Mira Caballos, Esteban.  “Aportaciones a la cultura taína de las Grandes Antillas en la documentación del siglo XVI.” En Seminario Regional de Culturas Aborígenes del Caribe ,Santo Domingo, Banco Central de la República Dominicana, 1998. pp. 51-52. 

32. Veloz Maggiolo, Marcio. La isla de Santo Domingo antes de Colón . Santo Domingo, Editora Corripio, 1993. (Banco Central de la República Dominicana).

Las viviendas podían tener planta circular, a las que llamaban caneyes, los cuales constituían la mayoría, o rectangular a la que llamaban bohíos, aunque este término era empleado, al menos por los españoles, de forma genérica como sinónimo de vivienda. En la Isla de Haití o La Española, la mayoría de los bohíos albergaban una familia nuclear, aunque se mencionan otros de gran tamaño que servían de morada a familias extensas o extendidas, compuestas  por parientes ascendientes y descendientes de la familia.

La estructura básica de los bohíos era a base de gruesos horcones, de unos 25cm de  iámetro, con el extremo superior en forma de horqueta, sobre las cuales se apoyaban las oleras o vigas perimetrales. Estos horcones eran enterrados unos 80cm y el espacio entre ellos era cerrado por varas o cañas colocadas verticalmente. Sobre las soleras apoyaban  argas varas, las cuales eran atravesadas por cañas, latas o correas, las que para hacerlas más sólidas, las ponían de dos en dos, y a un palmo de distancia. Todos estos elementos que conformaban la estructura del bohío eran amarrados con bejucos, ya que los indios desconocían el uso del clavo. Las cubiertas eran hechas básicamente de yaguas, hojas de  alma cana, palma real, guano, bihao o paja. El caney de planta circular tenía un techo cónico de gran peralte y el bohío de planta rectangular tenía un techo a dos aguas.

Las viviendas te-nían un sólo acceso, de aproximadamente 1.25 metros de altura,  esprovistos de puertas. Para cerrarlas se limitaban a cruzar unos palos, para indicar que no se podía entrar, o utilizaban esteras a manera de cortinas. Aunque en el dibujo de Salcedo del bohío del cacique se ve una ventana, en ninguna descripción se menciona este elemento.

Los interiores de las casas eran sencillos y normalmente sin ninguna división interior,  aunque parece ser que las viviendas grandes sí tenían tabiques que formaban diferentes espacios o cuartos. El elemento decorativo principal lo constituían las esteras que ocasionalmente cubrían las paredes. Los pisos eran de tierra y bien barridos, pero hay descripciones de pisos de ladrillos pequeños, negros o blancos, y con dibujos ornamentales, de los cuales no hemos oído de evidencias arqueológicas. También usaban esteras tejidas con fibra vegetal, para cubrir los pisos.

En cuanto al mobiliario, éste estaba constituido básicamente por hamacas de algodón,   amastros cubiertos con esteras y unas sillas bajitas hechas de una sola pieza de madera bien labrada y bien decorada, llamadas dúhos. En el interior de las casas mantenían el fuego, el cual servia tanto para cocinar, como para iluminar el interior de las casas, ya que el único  itio por donde entraba algo de luz solar era por la pequeña puerta que tenían.

Las casas o palacios de los caciques como hemos ya descrito, eran bastante diferentes de las demás, ya que tenían mucho mayor tamaño, eran rectangulares, con divisiones interiores, galerías, techos a dos aguas y la cocina exterior. Inclusive se tienen noticias del uso de embarrado en los tabiques o paredes divisorias. Los interiores, además de los pisos de ladrillos y esteras, eran más decorados, con tapices policromados de algodón y como mobiliario adicional tenían un estrado, donde se sentaba el cacique principal para reunirse  con sus caciques y sus invitados. De las cocinas exteriores de las casas de los caciques, sólo sabemos que eran grandes y capaces de albergar a la vez, a unas cuarenta indias cocinando.

Otro tipo de edifica-ción era el templo, que como ya dijimos  en el caso de la villa de  uacanagarí, era cuadrado con 16.80 metros por cada lado y paredes de 4.20 metros de  ltura, con un techo piramidal. Tenía un piso de ladrillos negros, decorados, y en las paredes finos tapices de color, sobre los cuales colgaban sus ídolos de madera y oro. En el centro  el templo se encontraba un altar cuadrado de 1.68 metros de altura, cubierto con lienzos similares a los tapices.

Aun con toda esta información que hemos logrado recopilar, tanto en documentos  históricos como en informes arqueológicos, todavía hay muchas lagunas e imprecisiones en relación con la arquitectura indígena en la Isla Española. Hay que seguir husmeando en documentos y libros antiguos en búsqueda de alguna información que pueda responder las interrogantes que todavía tenemos, que son muchas. Hay que seguir analizando los informes y levantamientos hechos por nuestros arqueólogos y los de la región, para interpretar correctamente las huellas de horcones encontradas. Las investigaciones no concluidas  odavía del sitio taino de Los Buchillones, podrán dar mucho más información fehaciente sobre las formas, materiales, medidas y proporciones de las viviendas y demás tipos de  onstrucciones que realizaban los grupos tainos, así como datos de sus asentamientos. 

 

Fue sin duda de singular importancia para esta investigación, el análisis de la Relación de Rodrigo de Escobedo del 1493, que nos llevó incluso a determinar que los dibujos del bohío y del caney que aparecen en la Historia General y Natural de las Indias de Gonzalo  Hernández de Oviedo, son una copia de los realizados por Pedro de Salcedo, paje y posteriormente representante en la Isla Española del Almirante Cristóbal Colón, que formaban parte de la varias veces citada Relación  de Escobedo.

Libros y documentos consultados

Cárdenas Ruiz, Manuel (Editor). Crónicas Francesas de los Indios Caribes . Madrid, Editorial Universidad de Puerto Rico, 1981.

Cassá, Roberto. Los Tainos de la Española. Santo Domingo, Editora de la UASD, 1974, (Universidad Autónoma de Santo Domingo. Colección Historia y Sociedad, Vol. CLXV).

Charlevoix, Pedro Francisco Javier de. Historia de la Isla Española o de Santo Domingo, 2 vols., Santo Domingo, Editora de Santo Domingo, 1977. (Sociedad Dominicana de Bibliófilos).

Colón, Hernando.

Historia del Almirante. Madrid, Dastin, S.L., 2003.

Consejo Inter-Tribal Taíno, Inc.

Diccionario Moderno Taíno de 1996. Accessed 8 de septiembre de 2007., http:// members.dandy.net/~orocobix/tsdict.html.

Curet, Luis Antonio. “House structure and cultural change in the Caribbean: Three case studies from Puerto Rico.”

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Fernández De Oviedo, Gonzalo. Historia General y Natural de Indias. Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1959. García Arevalo, Manuel A. El Arte Taíno de la República Dominicana . Barcelona, Artes Gráficas Manuel Pareja, 1977.  (Museo del Hombre Dominicano). 

Jardines Macías, Juan, y Calvera Roses, Jorge. “Estructuras de viviendas aborígenes en Los Buchillones”. Anuario Revista del Caribe, 1999. Landström, Björn. Colón. Barcelona, Editorial Juventud, 1971.

Las Casas, Bartolomé de. Primer viaje de Cristóbal Colón según su Diario de a bordo. Barcelona, Editorial Ramón Sopena, S.A., 1972. Las Casas, Bartolomé de. Historia de las Indias. 3 vols.Santo Domingo, Editora Corripio, 1987. (Sociedad Dominicana de Bibliófilos).

 

Las Casas, Bartolomé de.Brevísima relación de la destrucción de Las Indias . 10ma. ed. México, Fontamara, 2001.

Mártir De Anglería, Pedro.  Décadas del Nuevo Mundo. 2 vols. Santo Domingo, Editora Corripio, 1989 (Sociedad Dominicana de Bibliófilos, Colección Cultura Dominicana).

 

Mira Caballos, Esteban. “Aportaciones a la cultura taína de las Grandes Antillas en la documentación del siglo XVI.” En Seminario Regional de Culturas aborígenes del Caribe . Santo Domingo, Banco Central de la República Dominicana, 1998.

Mira Caballos, Esteban. Las Antillas Mayores. 1492-1550. Madrid. Gráficas Almeida S.L., 2000.

 

Peguero, Luis Joseph. Historia de la conquista de la Isla Española de Santo Domingo. Trasumptada el año de 1762. Santo Domingo, Publicaciones del Museo de las Casas Reales, 1975.

 

Pérez Montás, Eugenio. República Dominicana. Monumentos Históricos y Arqueológicos, Vol. 380 Monumentos  Históricos y Arqueológicos XVIII. México, D. F., Talleres Loera Chávez  Hnos. & Cía., 1984. (Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Comisión de Historia).

 

 Pichardo Moya, Felipe. Los aborígenes de las Antillas . México, Fondo de Cultura  conómica, 1956.  

Sauer, Carl Ortwin.   Descubrimiento y dominación española del Caribe . 2a ed. Santo  Domingo, Editora Corripio, 1993. (Sociedad Dominicana de Bibliófilos).  

 

Veloz Maggiolo, Marcio. Medioambiente y adaptación humana en la prehistoria de Santo  Domingo . Santo Domingo, Editora de la UASD, 1976 (Universidad Autónoma de Santo Domingo, Colección Historia y Sociedad, Vol. 24).

 

 Veloz Maggiolo, Marcio. La isla de Santo Domingo antes de Colón . Santo Domingo, Editora Corripio, 1993. (Banco Central de la República Dominicana). 

 

Veloz Maggiolo, Marcio. “El modelo pre-urbano aborigen.” Listín Diario , 25 de julio de 2007.

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